DESDE UN MATRAZ ERLENMEYER / PALABRAS QUE SON EXPERIMENTOS / ERRORES BIEN HECHOS / EVAPORACIÓN DESCONTROLADA / MEZCLAS ATÓMICAS O NUBES / BIENVENIDOS AL LABORATORIO DE ESCRITURA CREATIVA.
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Diana caminaba por la playa, hundiendo las botas en el barro. A cada paso que daba su pie se hundía deslizándose hacia delante, en la arena oscura y terrosa que antecede a las dunas. La noche anterior había llovido, las gotas repiquetearon en la ventana hasta que se durmió.
Hoy estaba nublado, el cielo encapotado cubre el mar: la radio dijo que a la tarde hay tormenta. Hoy no fui a clase. Cuando me desperté y fui a la cocina, mamá hablaba por teléfono. La pava hervía en el fuego, y me acarició sonriendo mientras cortaba. Había llorado. Siempre intenta disimular cuando llora porque no quiere que me ponga mal. Yo me hago la que no me doy cuenta, para que mamá no se ponga peor. Esta vez no. La acerco hacia sí y la abrazó. Ahí le dijo que no fuera al colegio, ¿por qué?, no, no importa.
Salí a caminar y como todavía no empezaron las vacaciones no viene nadie. Fui para la playa, bordeando el bosque, pisando palitos caídos, escuchando cómo se quebraban bajo sus pies. Las dunas se veían antes de cruzar la avenida. El viento soplaba desde el mar, atravesando las piedras, por eso hace tanto frío.
A veces le gustaba desarmar las oraciones diciendo que el mar soplaba desde el viento, atravesando el frío por eso hacía tantas piedras. Santiago le decía que no, que no tenía sentido que hiciera piedras, que hacía frío; que las piedras estaban y listo. ¿Y quién hizo las piedras? Qué se yo… En el campo jugaba con su primo a masticar quinotos, el que escupía antes perdía. Siempre ganaba Santiago.
Siguió caminando, despacio, resbalando. Sintió frío en los dedos, en la punta de la nariz, en el pecho. Un perro pasó trotando delante suyo. Lo siguió con la mirada hasta que lo perdió de vista.
-¡No! -gritó Carlos- ¡Rompiste el silencio! Su novio travesti quedó paralizado con una parte de silencio en cada mano. -Perdoname -le dijo- después te compro otro. -Andate a cagar Andrés -dijo Carlos con un gesto de desolación- Ese silencio me costó nueve años de trabajo y bien lo sabés. Ahora tengo que empezar de vuelta. -Ay, bueno bonito, -dijo Andrés con aires de actriz de teatro de revista- tampoco es para tanto este silencio de morondanga. A Carlos no le gustó ese comentario, pero sabía que cuando su novio se vestía de mujer, sentía la necesidad de encarnar el papel de diva, y lo dejó pasar. En lugar de contestar, se quedó mirándolo fijamente. -¡Grrrr…! ¡Qué perro! -dijo Andrés lanzando arañazos al aire con una de sus manos y diluyéndose en una risita falsa e histérica. Carlos lo ignoró, pero en el fondo le había causado gracia, y más aún, se sentía un tanto excitado. Fue a la cocina a buscar una bolsa para tirar los trozos del silencio que con tanto esfuerzo había generado durante días, meses y años, y que justo la persona que él más amaba, había destrozado en un abrir y cerrar de ojos. La ventana de la cocina estaba cubierta de gotitas de agua. Pegó su frente contra el vidrio y se quedó mirando a la gente que caminaba bajo la lluvia. Todo empezó a vibrar. Andrés, todavía en el comedor, había echado a andar en el reproductor el disco de la película “Cabaret” y se disponía a comenzar una sesión de noventa minutos de baile y canto, al mejor estilo Liza Minelli. El barullo sacó a Carlos de su hipnosis pluvial. Fue hasta el improvisado cabaret y apagó la música. Juntó los fragmentos de silencio sin mirar a Andrés, y los metió en la bolsa. Le entregó la bolsita a su novio. Le ordenó que la tire a la basura y que se calle. Inmediatamente Andrés se fue a la cocina. Carlos se quedó sentado en el sillón del comedor. En silencio. Intentando reconstruir lo que esa tarde había perdido.
Juan Pablo Bidegain
28 junio 2009
El final era esperado, lo decían aquellas noches inquietas en las que el tiempo parecía complotarse para hacerme recordar. Los soles de enero... ¡qué bellos eran! Ahora son lluvia de julio. Mis labios rojos pierden su fuerza, ¿Por qué? Serán los ríos de la vida que no paran de correr, ¡Já! La vida... la vida como un libro que te atrapa y no podes dejar de leer hasta el final, pero que ahora esperas que nunca llegue...
Melanie Timpanaro
21 junio 2009
Todas las mañanas me levantaba tipo cinco, cinco y cuarto. La ducha la graduaba con calma- no vaya a ser que de muy tibia pareciera fría- pero hasta ahí, seguía atontado de sueño. El tema era cuando, ya desnudo, la lluvia caliente me mojaba entero y de un golpe todo estaba claro, empezaban a carburar las ideas.
Sigo tabajando en el subte, pero ya no tomo el colectivo desde mi casa hasta Bolivar. Menos mal, todavía me acuerdo de viajar en estado de trance, manteniendo el pensamiento de ducha, volviendo a los cálculos, en lo que ocupaba mi mente la mayor cantidad de memoria: La Fórmula de La Luz.
De lunes a viernes llegaba, me ponía el uniforme, a veces comentaba alguna tontería con algún compañero, esperaba la señal de salida, me sentaba en la cabina y ponía a andar al gusano de hierro. Hace más de siete años que los túneles negro rodean las paredes de mi pensamiento. Hace más de cinco años que puedo ver en el intervalo de oscuridad entre cada tubo fluorescente esa inconsciencia, el estado de abstracción que me insinua un espacio al cual no pertenezco, pero me ubica como espectador en retroceso. ¿Quién le va a creer al tipo que maneja, como se da manija? Empecé a informarme desde aquella primera vez que vi eso sobre agujeros negros, fuerza de gravedad y campos gravitatorios, literartura fantástica- nunca iba a imaginar que Lovecraft desplazaría casi por completo mi pasión por Chacarita los sábados a la tarde-….
Todo el primer año de mi descubrimiento lloraba entre sueños, soñaba con Dios y extraterrestres y el pandemonium en la tierra. Los cuatro jinetes empalaban con grandiosas lanzas al mismísimo Satanás…Despertaba, cinco y cuarto y la ducha, todo un año. Ya los años posteriores no me envolvía en angustias y terror sino más bien estaba poseso en mis cálculos: comencé a leer sobre probabilidad y magia negra, asistía a seminarios sobre budismo, origami y pintura renacentista.
Puede que mis pensamientos funcionen en ciclos de trescientos sesenta y cinco dias y eso vaya cambiando- todavía no tuve la oportunidad de acercarme al calendario y la cultura maya-. Este último ciclo lo dediqué de lleno a La Fórmula de la Luz a pesar de las burlas de mis compañeros, de mi alejamiento de la politiquería y paros de subte, del temor de los supervisores frente a mis supuestos “delirios”- creen que los voy a enjuiciar por trastornos psicológicos… Y gano un sueldo que me alcanza y sobra para mantener mi casita, ahora más cerca de la estación Bolivar. Dejé el barrio de La Boca, siempre me perturbaron los barcos…
Por más que este relato sea desesperado y desprolijo, todo esto converje en la biblioteca que estoy armando: en mis carpetas atestadas de papeles- ordenados por números y las carpetas alfabéticamente- de los veinticinco cursos, talleres y charlas sobre fenomenología, numerología, la Cabala, hechos paranormales y taquigrafía.
En todas las culturas occidentales se da el mismo patrón, se alcanza a vislumbrar,- sólo si se posee una entrega completa hacia el estudio y una atención japonesa- se alcanza a vivenciar la dicha máxima de la sincronización entre todo lo tangible del universo, las luces, el barro, los espectros y espacios entre tubo y tubo en los túneles subterraneos, los cálculos y las filosofías de las civilizaciones anteriores al nacimiento de Jesús… Al fin pude dar con el porqué de todo esto:
La Fórmula de La Luz: Sentado en esta butaca redonda de subterraneo doy por definitiva la explicación manifestando que en el intervalo de oscuridad existente entre un haz de luz A y un haz de luz B, se encierra un misterio que escapa a mi razón, mis teorias y mis libros.
Agustín Antuña
16 junio 2009
Lluvia metálica/caigo de espaldas Plumas de barro/el alma desarma Lagos rojos/llanto de alarmas.
Piso una baldosa floja, los pies se me llenan de barro. A los dos pasos descubro mi vuelo pesado. El barro se seca sobre la piel que se resquebraja. Levanto la vista: llueve. Comienzan a volverse rojos los charcos de la calle. Gotas metálicas sobre mi espalda, plumas que mueren, plumas que caen sobre lagos rojos, plumas que se transforman en barro; ya no plumas. Dagas metálicas sobre mi espalda, el barro que asciende desde los lagos rojos, la boca seca y resquebrajada, tripas plateadas por el llanto de alarmas: caigo de espaldas.
Te quiero así, Me gustas viva, Yo no pedí nacer así Son cosas mías
-Debería respetar la decisión de las flores a crecer en libertad, pero la primavera me rompe las pelotas con eso de florecer, con eso de los colores, de la vida, con eso del amor… “es pura cursilería barata”- habría dicho Señor Invierno mientras de descongestionaba su zanahórica nariz y puteaba a las mariposas que, creo, jamás se enteraron de semejante mala onda… Sin embargo la primavera llego, y al Señor Invierno lo asesinó a sangre caliente, nadie veló por su paso a la mejor vida, mas bien todos salieron a las calles a bailar el baile alegre de los colores y la buena vida, la libertad se instaló como para reelecciones indefinidas, los libros de las librerías se libraron y salieron a retomar las calles y el cielo como pájaros de la cultura, a volar con el viento; los travestis de todas las esquinas relucieron sus culos herrumbrosos por los barrios caretas, y las viejas caretas a relucir su histeria por el arrabal. Los niños de siempre (esos que abrazan la vida y la libertad y las hacen quedar en ridículo, los que poseen el abrazo infinito) celebran la orgía literaria, batiendo sus bracitos entre libros, entre putas, culos horrendos… flores que pululan temas de Miguel Abuelo, y disparan contra el contexto monocromo de la realidad arcadas de colores y estrellas… De todas las noches, ésta fue la más hermosa de todas, bajé el cordón, agarré una zanahoria todavía fresca y me la fui masticando y tarareando esa canción:
“Y me llevaron a un cuartel Sucio de gris agonía, Yo les vendí mi inocencia A un precio que no entendían.
Te quiero así, Me gustas viva, Yo no pedí nacer así Son cosas mías”
1-¿Por qué te vas? Ya esta todo cerrado, hace frío y la lluvia... Te vas a mojar, pero ya estás mojada. Podría decir que llueve sobre mojado, pero no. Ya que estás mojada, vení, vení conmigo, acostate en mi inconsuelo.
“Hoy, la mentira,
el gran paracaídas
Hoy, es mi diario
2-La vida camino a tu boca, esa calle marfil punteado y tu cuello botella...Hoy...hoy me siento un lector o un astrólogo ¿Qué dicen los puntos de tu calle marfil? Te puedo afirmar que no soy hombre de puro sur. Mi norte, dudoso y sin trampa, sopla vientos de lirios, aunque solo llevan a mi cama o a mis ojos, que al final de cuenta son lo mismo. Náufrago en el mar ¿Qué viento sopla más fuerte?
El viento nuevo.
La parálisis siempre
es lanovedad
3-Entendeme, si te pregunto cómo estás, no significa que me importe solo eso. Entre líneas es “mirame, acá estoy. Hablá, tu silencio perturba”,e infinidad de cosas más. Pero bueno... ¿cuál es el idioma del que ama? Sin duda cuando te hablo te miento, por escasez de palabras te miento. ¿Cómo explicar con palabras del mundo que me duermo en tus ojos, en lo verde, y me tortura el no ser visto?
La boca gime
Entre silencios gime
Ylo respira
4-En este momento, si te lo pido ¿me volarías la sien con un tiro de tu silencio? No tengo miedo al silencio sino al tuyo, a una mirada esquiva, a tu autismo diario o la salmuera que derramás cuando hay preguntas, porque las palabras no aparecen, o no quieren aparecer. El caos de mi discurso es solo un síntoma, pero el orden no importa, la intención es la misma.
Llora y llora
Ella no conoce nada
de la tierra mía.
5-Mi viento francés y yo no traemos novedad, no prometemos novedad, pero si revolución. Acaso ¿no es sinónimo de amor? ¿No es el amor subversivo por naturaleza? ¿Rodar la cabeza y arder vivo? La única vida en otro orden, a partir de ahora, de mí hacia ti.